Momentum 1
“De repente me encontré a mi mismo, mientras movía las cajas de texto, dotando de personalidad a las formas negras de los parrafos… por unos minutos persistió la ilusión, eran personalidades muertas, cadáveres que yo me esforzaba por meter dentro de sus ataúdes (las columnas de texto)… luego, mientras hacía zoom sobre la pantalla, estos cuerpos se disgregaron, y me parecieron entonces enormes ejercitos de personitas en forma de letra, los cuáles yo comandaba con tiranía… Cuando algunas letras se indisciplinaban, saliendose de la formación, las reprendia severamente y las obligaba a volver a las filas; las cogía a azotes, y la sangre era derramada sobre unos resaltados carmesí. Los cuerpos eran apretados entre sí, como esclavos en un barco negrero, hasta que el tirano, yo, se hallaba conforme con el aspecto de la página, un Nerón jubiloso y asteta”.
“Me pregunté burlonamente si Dios pensó, mientras inspiraba su libro, sí cada gota de sangre de un mártir proporcionaría la tinta con la que se escribió cada letra, o si las buenas almas de los evangelizadores veían a los paganos como letras desordenadas de su propio libro, que debían forzar a formar las mismas palabras de su credo, doblando sus cuerpos, o quemando en la hoguera, aquellas letras que por mucho que eran forzadas a torcerse, no encajaban”.
…Mea culpa, me gusta como está quedando el diseño de la biblia, que me han encargado en la editorial. Graficamente es un trabajo interesante, con reproducciones a color de pinturas e ilustraciones religiosas, barrocas, renacentistas y medievales, la mayoría, (aunque la editora es tan inepta, que yo he tenido que desechar un montón de imágenes que me ha pasado… hasta me llegó a pasar una de Galileo Galilei; por supuesto no la utilizé, bastante tuvo el pobre Galileo con tener que negar que la tierra es redonda, para que ahora la iglesia se aprovechara indirectamente de su imagen. ¡Eppur si muove!). Incluso esta semana me felicitaron por ello… la sensación acostumbrada de “palmadita en la espalda”, que no llega a ser tan efusiva como para llenar en algo mis bolsillos.
Pienso que no fue muy distinto en los tiempos medievales, cuando los monjes que iluminaban los manuscritos trabajaban en los lúgubres monasterios… cuantos de ellos no entendían ya que solo repetían palabras vacías destinadas a servir de instrumento a los poderosos… Ahora, en este oficio, soy como uno de esos escribas, lo único que han evolucionado son los instrumentos con los que ejecuto mi labor. Pero el contenido de mentiras y engaños sigue siendo el mismo.