La guerra contra la cybercultura
Los nuevos inquisidores visten de traje. Vivimos la antesala de una nueva era de represión virtual. Una mujer madre soltera de dos hijos ha sido condenada a pagar una multa que puede ascender a casi el medio millón de euros (!) por compartir 24 (!) canciones por redes P2P. Todo esto con el noble objetivo de resarcir a las “pobres” empresas discográficas y distribuidoras de contenido, de las perdidas que hubiera podido causarles esta actividad “criminal”. Las canciones implicadas son varios temas de pop hard rock, de grupos que no han vendido nunca un disco, como Guns N Roses o Aerosmith… ¿Cuántos millones o incluso trillones de dolares no le han exprimido a ésta seudomúsica las discográficas? Y ahora porque una madre soltera que apenas tiene para sostener a sus hijos decidió un día compartir su dulzón gusto musical con otros cybernautas, ellos van a ser tan perjudicados que deben embargar su salario por lo que le queda de la vida… La “justicia” es algo muy relativo, pero en estos casos salta a la vista que hay algo que no esta bien.
¿No es esta miopía ante las nuevas tecnologías por parte de asociaciones como la RIAA, un reflejo de lo que sucedió cuando surgió la imprenta? La multinacional de la época, el Papado, se creyó con el poder de decidir que se podía reproducir y que no mediante la nueva máquina. Redacto listas negras, quemó libros y torturo personas, por impedir la expansión acelerada que estaba teniendo el conocimiento. Pero a largo plazo, no pudo detener el afán de cultura de ciertas poblaciones alfabetizadas.
Ahora, parece más una cosa de dinero y ambición descontrolada. Hacen basura y fuera de eso quieren que paguemos por la basura que hacen. Sin embargo es un mal precedente, que puede ser el camino por el cuál se instaure la censura definitiva a Internet. Ya que el objetivo final no es otro que ese; controlar lo que podemos y no podemos hacer con la tecnología.