La vida es una mierda

En ocasiones, sentimos que a pesar de todos los inconvenientes y decepciones, todo esta bien en el mundo y que vale la pena seguir sumergido en esta inmemorial batalla por la supervivencia; aunque sea solo por los breves momentos en los cuales, casi mágicamente, nuestras neuronas parecen alinearse en la frecuencia correcta con nuestro precario entorno y disfrutamos entonces, de alguna extraña sensación de paz y tranquilidad interior. Pero felizmente, es más fuerte la cordura, e incluso una inesperada lectura nos hace retornar al punto inicial, de cansancio y hastío, al común sentimiento que nunca veremos en la tv, de que la vida es una mierda.

Mi vida es una mierda no llega ni siquiera a poder ser considerado como un blog, es como una nota abandonada que alguien arranco de un cuaderno y que el apático viento deja en la entrada de tu casa; un grito desesperado que tan solo ensordece a su propio autor. Una mujer en crisis que deja un testimonio que aunque no puede ser calificado de imparcial, si cuenta con la sinceridad necesaria, para servir de prueba una vez más, que nadie escoge crecer, ni menos aun nacer. Sin llegar al patetismo, los pocos y cortos post cuentan con la suficiente fuerza en sus palabras para pintar el retrato de una vida que se ha escurrido de las propias manos de su propietaria, en la certidumbre de que hubiera sido mejor no haber sido traída a este mundo, y del amargo rencor hacía sus progenitores, y la humanidad en general. Uno se pregunta si este género de sentimientos son genéticos, o provienen de imperceptibles lesiones durante la maduración del feto o la temprana infancia…

Tristemente para los lectores la intención de contar su propia vida por parte de la autora, se ve interrumpida a los pocos días de escritura, haciéndonos interrogar a nosotros mismos, por la razón de aquel súbito impulso y su desaparición. Quizás no había nada más que valiera la pena contar. Quizás era suficiente terminar con un buen recuerdo, el único que justificaba su existencia. Quizás lo que seguía era demasiado doloroso que ya no fluían las palabras. En todo caso me asalta el pensamiento de que una persona vivió en el dolor y el fracaso constantes, tan solo para un buen día anotarlo en un computador, y que de alguna manera, alguien leyera sus líneas y sintiera cierta aprehensión, y que ese fue el nulo y nimio propósito de su vida.

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