Un falso nacionalismo

Generalmente no me importa demasiado la realidad tercermundista que me rodea; empero no he podido abstraerme de los últimos hechos de la realidad nacional, ya que cuando creía haberlo visto todo, el país del sagrado corazón ha terminado por romper todos los paradigma de estupidez colectiva imaginables. En esta nueva serie de posts trataré de indagar y analizar despiadadamente los hechos más notorios y manipulados de la mass media, no en virtud de ningún interés filántropo, ni mucho menos, sino sólo para poner en evidencia la mediocridad de esta supuesta nación llamada Colombia.

El surgir de un sentimiento nacional en un estado balcánico como Colombia, ha sido un gran éxito del control ideológico de los medios de comunicación. Dijo éxito, porque en realidad no hay ninguna patria que justifique ese desproporcionado nacionalismo.

Samuel Johnson llamó al patriotismo como “el último refugio de los cobardes”: no concuerdo del todo con esta afirmación, ya que si existe una patria real, el patriotismo será fundamental a los efectos de defender a los intereses generales de una población con fuertes vínculos étnicos y culturales, contra cualquier tipo de amenaza externa, o incluso interna, como un gobierno que va en contravía del bienestar nacional y obedece a intereses extranjeros; pero en una tierra fracturada como la colombiana aplica perfectamente, porque hablar de una patria en éste caso, obedece a un gran desconocimiento histórico. Imaginar que puede existir una nación que englobe en sí misma gente tan distinta como los habitantes de la costa atlántica, el interior, los llanos, el pacífico, o los bien diversos pueblos indígenas, es una más de las nefastas consecuencias del “buen pensar” liberal, concepto que solo le es útil a aquellas élites plutocráticas que desean mantener su dominio y poder sobre algún vasto territorio. La más aberrante consecuencia de esto es la perdida de identidad; condicionados a pensar que son colombianos, la masa se funde en un solo ser impersonal, sin mayor idea de sus orígenes, más allá de un escueto conocimiento de un pasado común, convenientemente simplificado para el entendimiento de los más simples.

Los medios no pretende examinar ni cuestionar los paradigmas. La nacionalidad se da por hecha, y consiste en una de las principales labores de los medios masivos, el contribuir a inculcar esta idea en la población. No se pone en entredicho el origen legítimo o no del proceso de “independencia” del siglo XIX, si realmente correspondía a intereses populares o solo a los de algunas élites. No se cuestionan las fronteras, creadas artificialmente para el control económico y administrativo del imperio español, y luego heredadas por los caudillos locales. No se mencionan los procesos de colonización y desarraigo de la expansión de las diversas regiones; ni, menos aún, las diferencias étnicas y culturales. No.

En cambio se enardece el orgullo patriotero del pueblo con los éxitos aislados de algunos colombianos en el exterior (porque contradictoriamente con ese nacionalismo de garaje, ser exitoso en el propio suelo “patrio” no es mérito); colombianos que generalmente no representan ni en sus orígenes ni modus vivendi a la Colombia común, pero que por hechos de un accidente geográfico se convierten en íconos de adoración para el vulgo. Hay que ver que estos éxitos personales (Montoya, Juanes), corresponden casi siempre a un esfuerzo individual y no a una política de estado que promueva el desarrollo de algunas actividades deportivas o culturales; en vez de situaciones que nos hicieran sentir orgullosos, son mas bien, excepciones que justifican la regla. Manipuladas convenientemente, estas historias personales, que son más bien el espejo de la carencias de oportunidades en el suelo colombiano, pasan a ser, símbolos nacionales, al nivel vacío de contenido de un escudo o una bandera, para el regodeo de la masa.

Y si de un lado tenemos la sobrevaloración y apropiación de algunos hechos aislados para la construcción y mantenimiento de la falsedad de la idea nacional, la otra cara de la moneda de este patrioterismo autista es la necesaria negación de la realidad. Todo aquel que muestre alguna faceta de ésta, que no corresponda con los ideales mentirosos de comunidad y hermandad de todos los colombianos, es inmediatamente tachado de apátrida o de persona que le quiere hacer daño al país. Mostrar a colombianos muriéndose de hambre al lado de lujosos hoteles y a niñas prostituidas para los turistas (como en Cartagena), o sobreviviendo en sociedades donde la ley la dicta la palabra del lumpen (como en las ciudades periféricas de Medellín, Cali o Bogotá), son conductas inapropiadas y políticamente incorrectas para los medios y los que los siguen como borregos. Son solo hechos aislados, que no representan al país, se justifican estos idiotas útiles; al fin y al cabo Colombia es el mejor vividero del mundo, y producimos el café más suave del planeta tierra.

4 comentarios to “Un falso nacionalismo”

  1. puta Dice:

    hp malparido el q escribio ese articolo
    ignorat tu puta madre q ese hijo de puta venga a colombia y vera q lo volvemos mierda

  2. sinblancaporelmundo Dice:

    ¿Piensas que el catalán es una puta mierda?

    http://sinblancaporelmundo.wordpress.com/2008/03/16/el-catala-es-una-puta-merda/

  3. Kain Hellraiser Dice:

    Completamente de acuerdo. Querer englobar a una masa inerte en campañas vacías como “Colombia es Pasión”, promoviendo un patriotismo tan vacío como que sentirse verdaderamente colombiano es portar una manilla o comer unas papas, nos deja ver lo manipulable y pazguato que es la mayoría del pueblo. Ojo, le faltó recalcar que Colombia es “el segundo país más feliz del mundo”

  4. mike Dice:

    pero si este es el mejor “”"amañadero del mundo”"”"”!!! no se de ue te quejas????……..jajaja

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