Guerra y paz bananeras
La reciente crisis entre Colombia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, ha finalizado (por ahora) de la misma manera como empezó, es decir como una soberana payasada, en un apretón de manos “fraterno”, entre los mismos gobernantes que horas antes se habían lanzado entre sí, las más serias acusaciones (Chávez, Correa y Ortega muy directamente y Uribe por supuesto por medio de sus respectivos colaboradores encargados de hacer el trabajo sucio, no sea que se dañe su imagen y su apabullante popularidad).
La cordura entre las masas seguidoras de los respectivos líderes ha prevalecido sobre la impotencia de los gobernantes; quienes luego de sus discursos guerreristas, han debido tragarse sus palabras ante la realidad: y es que no ha sido ninguna supuesta “hermandad” la que ha prevalecido en este caso, sino el reconocimiento de la debilidad militar y política de nuestros paupérrimos gobiernos. Porque ni Colombia ni Ecuador ni Venezuela ni mucho menos Nicaragua, tiene la capacidad bélica para llevar tropas más allá de sus fronteras, ni la capacidad de financiar un despliegue semejante. Estos países bananeros que a duras penas son capaces de sostener el orden dentro de su propio territorio, ni poseen ningún género de autosuficiencia económica, deben hacer lo de siempre, agachar la cabeza y tragarse la tan mentada dignidad. Así, Ecuador debe hacer nuevamente como si nada, y dejar que la tierra de nadie de su frontera, ya suficientemente fumigada, siga siendo utilizada por los ejercitos, narcotraficantes y guerrillas colombianas; e igualmente el gobierno colombiano debe cerrar los ojos antes el uso descarado de las fronteras como refugio por los grupos que buscan derrocarlo o poner en entredicho su legitimidad.
Risible fue ver la presentación que hizo en el congreso el representante de Cambio Radical, o las declaraciones de algunos directivos gremiales: de que primero estaba la dignidad del país y que los hechos eran sumamente graves. ¿De que dignidad puede hablarse en un estado de derecho sin la más mínima dignidad? (y lo mismo puede aplicarse para cualquiera de los países involucrados)… Sin embargo parece que algunos dirigentes no tenían ningún escrúpulo en enarbolar las falsas banderas de la guerra, si llegaba a ser necesario para defender la ultrajada “soberanía nacional” o en otras palabras, la preservación de su propio poder. Risible también el falso envalentonamiento de Chávez, y los pueblos divididos en una falsa dicotomía donde todo es blanco o negro.
Ahora, el reclamo de Rafael Correa era bien fundado y afortunado: no por el hecho de que hubieran caído unos “terroristas” en su territorio, sino por el hecho de la flagrante violación de las fronteras por parte del complejo militar colombiano-norteamericano, que no fue más de la aplicación criolla al pie de la letra de la doctrina de la “guerra preventiva” y la “guerra contra el terrorismo” del Nuevo Orden Mundial. De manera perturbadora este bombardeo, que acabo con el segundo al mando de las FARC, se puede comparar a los asesinatos selectivos del gobierno israelí en Palestina y la franja de Gaza, y no fue gratuita la mención que al respecto hizo Chávez. En esta ocasión no hubo víctimas entre la población civil; pero quién le aseguraba a los ecuatorianos que el envalentonado gobierno colombiano no volvería a repetir este tipo de acciones, y de no haber manifestado su descontento se habría sentado un precedente nefasto para la región. Igualmente la posición Uribista era coherente, ante la presencia de campamentos guerrilleros en las fronteras de lo supuestos países hermanos; aunque no podemos negar que algunas “verdades” parecen sumamente cuestionables, afirmaciones tales como las que los guerrilleros tienen en su poder plutonio (que piensan hacer con este ingrediente tan costoso y que necesita de tan alta tecnología para su almacenaje y transporte, me pregunto, ¿acaso montar una ojiva nuclear en una pipeta de gas?)…
Por ahora la guerra total emprendida por Uribe contra los insurgentes parece estar empezando a dar resultados, al menos publicitarios, aunque no sabemos aún a que precio, ya que si no se atacan los problemas estructurales y de desigualdad con la misma valentía con que se compra armamentos y se envía soldados profesionales a la selva, siempre habrá quién este dispuesto a tomar un arma por defender su comunidad, o tomar lo que le ha sido negado. O también corremos el riesgo de que continuemos en un estado de guerra perpetuo, con masas enardecidas de orgullo patriotero y odio profundo hacia el enemigo, ciegas a la crítica y la contradicción, y que terminen aceptando como necesarios, algunos “males menores”, como el genocidio, el desplazamiento forzado, la pobreza generalizada y otras nimiedades despreciables.
Marzo 8, 2008 en 7:35 pm
El problema acá no es la violencia, si no por el contrario, la falta de violencia. En serio. Sudamérica y el mundo en general necesitan más y más violencia REAL. Acá lo explico todo:
http://ciudad-furiosa.blogspot.com/2008/03/la-violencia.html
Muerte a Chavez. Cómo lo odio.
Saludos!
K
Marzo 8, 2008 en 9:50 pm
A mi también me cayo mal que todo terminara así (¿Y las graves acusaciones hacia Chavez??), creo que Uribe tiene razón, solo que debió haber avisado (si es que eso era posible…). No se puede comparar este hecho con lo de Irak, ni siquiera murieron civiles. Chavez y Correa han quedado muy mal al ponerse “del lado de las FARC”, si pretenden que alguien los comprenda deberían explicar mucho mejor el por qué de su postura…
Marzo 11, 2008 en 3:00 am
Después de ganar, podemos negociar cuando queramos.
http://sinblancaporelmundo.wordpress.com/2008/03/07/queremos-negociar-con-eta-pase-lo-que-pase/