Godzilla ya está aquí

El ser humano lleva, según la ciencia más ortodoxa, cerca de un millón de años poblando este planeta (que igualmente es muy poco: comparado con los 60 o 80 millones de años de existencia del cocodrilo o los 350 del tiburón, somos unos advenedizos). Durante la mayor parte de este tiempo el hombre ha debido mantener una pugna constante con la naturaleza para sobrevivir; su existencia ha sido en términos generales dura y ruda. Un gran sabio, Schopenhauer, lo resumió en una frase: “el estado natural del hombre es la miseria”. Es fácil olvidar esto, lo difícil que ha sido ésta pugna constante contra los elementos, la enfermedad y el hambre; los humanos que hemos nacido en la sociedad industrial y tecnológica, tendemos a considerar la energía como algo sobradamente abundante, pero la cruda realidad es que toda esa riqueza no es más que un espejismo. En menos de doscientos años la población humana se ha sextuplicado. Todo gracias a la energía, y energía muy barata: el petróleo. Desde que el primer pozo fue perforado, en 1859, la sociedad comenzó a dar un salto cualitativo en su conjunto nunca antes visto en la historia. Naciones enteras gozaron de condiciones de vida que antes solo podían permitirse los nobles. El progreso parecía no tener límites.
¡Feliz orgía del consumo! Seamos sinceros, puesto en una balanza, si se diera a escoger a una persona entre su bienestar material y la extinción de los panda chinos, la respuesta sería obvia: que se mueran todas las especies superfluas del planeta si con eso consigo una tajada más grande del pastel. Y es que gracias a la civilización industrial este primate ha conseguido por primera vez tener tiempo para ocuparse de algo más que no sea su propia subsistencia, de forma tan sofisticada como costosa, en términos de energía. Los derivados del petróleo le han permitido a esta sociedad, no solo tanquear sus pequeños vehículos utilitarios, sino también muchas otras maravillas modernas como el desarrollo de la agricultura, (sin la agricultura no hay comida y sin la comida no hay humanos), mediante la introducción de fertilizantes y tractores; la construcción de carreteras y la posibilidad de ejercer el comercio a grandes distancias de manera eficaz y barata; plásticos y fibras sintéticas que han hecho posible producir objetos tales como computadores o vestidos; cientos de medicamentos esenciales que hoy día engordan el negocio farmacéutico, y una larga lista de etcéteras. Incluso la pasta dental la tenemos gracias al petróleo. Y todo gracias a los cadáveres descompuestos de dinosaurios.
Pero infortunadamente los dinosaurios y todo su mundo, no fueron infinitamente abundantes durante las prolongadas épocas en que sus hocicos de reptil reinaron, y no nos legaron yacimientos infinitos de combustible fósil, sino unas cantidades que criaturas avarientas como nosotros podrían calificar de exiguas. El hecho, es que esas reservas han empezado a agotarse. La razón por la que Al Gore no habla de ello, y prefiere ganarse la vida vendiendo derechos de emisión de CO2, es por que de extenderse este conocimiento al grueso de homínidos, la economía especulativa de sus amigos los banqueros sufriría una debacle que haría palidecer cualquier crisis del pasado. ¿Quién comprará un auto si sabe que en cinco años la gasolina podrá valer, por decir algo, hasta diez veces su precio actual? ¿Quién adquirirá una hipoteca si se entera que gracias a la escasez de fertilizantes y combustibles la hambruna y la violencia asolarán las ciudades? Nadie quiere que los bancos quiebren y que el valor de los papelitos verdes se deprecie a su verdadero valor, es decir nada. Así que inventarán cualquier mentira para ocultar la verdad sobre los cambios económicos que están por venir, al principio lento, luego en una forma de pendiente brutal; hablarán de cambios climáticos, la guerra de Irak, un dictador bananero, las inversiones sub-prime, pero ninguno mencionará la cruda realidad de que las cosas son finitas. Si pensaba que quizás usted podría salvarse y que sus nietos serían los principales perjudicados, lo más curioso es que este ocultamiento ya está en ejecución, lo que quiere decir también que estamos ya en la antesala de los desagradables hechos que vendrán de la mano con la futura escasez de energía.
Es lo que se llama el peak del petróleo, el fin de la energía barata.
El geólogo Hubbert formuló a mediados del pasado siglo algo evidente: que dada la finitud de los recursos fósiles, estos debían acabarse algún día. Esto está claro como el agua, y se aplica también a los minerales (uranio incluido, por si se pensaba que la energía nuclear era la solución a largo plazo). En resumen; la forma en que la extracción de los recursos avanza y finalmente declina con el tiempo, es la de una campana de gauss, con una corta meseta en la cima (el peak) que luego decae espectacularmente. No es que los yacimientos se agoten del todo, sino que llega un momento en que no es más rentable seguir con el proceso de extracción, ya que se gasta más energía que la que se recupera del yacimiento, teniendo que excavar a mayor profundidades y debiendo refinar petróleo de cada vez menor calidad, hasta que se termina abandonando el pozo. Hubbert, mediante cálculos estadísticos, profetizó correctamente que los Estados Unidos llegarían a su cúspide de producción en 1971 y que en el mundo entero, esto sucedería alrededor de principios del siglo XXI. Para entender didacticamente las profundas implicaciones del peak para la vida humana hay que mencionar también la llamada Teoría de Olduvai, formulada por Richard C. Duncan. Esta teoría, relaciona directamente la cantidad de energía disponible por el género humano, con su población. Es decir, a mayor energía, mayor población y viceversa, hasta que llega un momento en que la superpoblación se hace insostenible y empieza a rebasar la producción de energía. En una bonita gráfica de la variación de la tasa entre la producción de energías fósiles y la población mundial, Duncan ubica el pico de bienestar mundial en 1979, año a partir del cual la tasa ha descendido a un sostenido ritmo del 0,5% anual. Cuando llegue el peak del petróleo, este ritmo sostenido se acelerará de forma geométrica.
La parte divertida es que no podemos hacer absolutamente nada para evitar la hecatombe energética. No hay energía eólica que valga, nunca viviremos del viento y menos del sol. No somos plantas. El peak del gas natural y el carbón también llegará pronto.
Se presume, en las visiones más pesimistas, que a partir del 2012, cuando dejemos la meseta de máxima producción de energía, la civilización industrial dará los primeros pasos hacia su descomposición final.
Luego de sucesivos cracks bursátiles, trillones de papelitos verdes se esfumaran de los bancos y de las cuentas de ahorros de millones de personas, y empresas de todo tamaño, iniciando por las aerolíneas y todas aquellas dedicadas al transporte, quebrarán. La presión inflacionaria hará que los precios de los alimentos lleguen a ser prohibitivos; el desempleo y la pobreza arrasarán por entero a la clase media, y los cortes de energía eléctrica se convertirán en permanentes. Escaseará el agua potable. La tecnología no se detendrá, aún, pero sera exclusiva de los millonarios, que para entonces vivirán en ciudades privadas custodiadas por ejércitos privados. Algunos, muy pocos, se beneficiaran de las sobras de los ricos; la mayoría morirá lentamente por inanición y enfermedades. Para conservar el orden, los gobiernos tomaran medidas represivas y millones serán ejecutados o enviados a campos de concentración. Las grandes potencias se enfrentarán, incluso con armas atómicas, por el control de los últimos recursos; huir al campo será imposible, la poca tierra fértil será controlada por grandes terratenientes y un gran porcentaje estará dedicado a la producción de biocombustibles, destinado principalmente al uso militar y de la élite.
Finalmente, los estados se fragmentarán en régimes feudales, y las condiciones de vida retrocederán a las de la era preindustrial, aunque es posible que subsista una élite supertecnológica, con su poder bastante mermado, en algunos lugares apartadas del globo. La cantidad de humanos se estabilizará en menos de mil millones de personas, que deberán entonces, ganarse el pan con el sudor de la frente, como siempre fue.
Game over. En el mejor escenario posible, estos hechos solo se retrasarán unos 10 a 20 años más. La fiesta terminó; a apurar los tragos y escuchar una última melodía.
Marzo 28, 2008 en 6:59 pm
Me ha hipnotizado usted a través de todo su escrto. Excelente artículo.
Hacia el final del mismo, su manera descriptiva me recordó muchísimas escenas de la película “Land of the Dead” de George Romero, sólo que en esa había zombies en vez de humanos cuasi muertos. Espero que la haya visto, sino, se la recomiendo.
Desde muy chicuelo he pensado en el fín de la humanidad. Y probablemente por que leí el Apocalispsis muy pequeño, siempre me obsesioné con ese tema.
Aunque lastimosamente el fin de la humanidad no llegará por un raro virus producido por los excesos de la energía nuclear, que devuelve a los muertos a la vida, con ansias antropofágicas insasiables (fin que creo merece la humanidad); su escrito no dista mucho de alguna visión apocalíptica de Romero o de Fulci sobre el final de esta civilización, venida a la tierra únicamente para putiársela!
Un Saludo!
Marzo 31, 2008 en 10:45 pm
No conocía esa Teoría de Olduvai.
Yo creo que el pico del petróleo ya se ha producido, y hay quien también piensa así,: Todo el rollo este sobre el calentamiento global es una estrategia causada por la escasez de energía, para ir concienciando a la gente de que hay que ahorrar, mientras al mismo tiempo, el régimen lo presenta, como suele ser habitual, disfrazado de buenismo, con una justificación ética (años y años han estado ignorando otras fuentes de energía o la ecología, como para creerles a los muy falsos que eso les importa algo).
Pero el futuro es bastante incierto sobre cómo va a evolucionar.
Abril 1, 2008 en 4:57 pm
Hellraiser, ojalá no fuera más que la trama de un filme de serie B.
qbit, en efecto, es el momento más incierto que puede haber atravesado esta civilización, cimentada en la especulación y en la ciega fe en un progreso tecnológico sin limites.
Abril 26, 2008 en 1:49 am
La poética que impregna el texto hace justicia a la densidad y trascendencia del argumento. Una bella manera de aproximarse a otros seres précisión de datos y equilibradas consecuencias. Como había señalado Hegel, comprensión es dominio.