Estupideces de los cristianos
Los católicos, aun cuando no sean practicantes, tienden a considerar que su religión es más avanzada desde el punto de vista filosófico y humano, qué, por decir algo, el islamismo o las creencias de alguna tribu africana. No obstante, la cruda realidad es que su doctrina esta igualmente plagada de pensamiento mágico e incoherencias.
Aquello es bien comprensible si empezamos por saber que no es sino la degeneración de otra religión primitiva, como lo es el judaísmo. El judaísmo fue diseñado para servir a los intereses de un solo pueblo que se llama a si mismo elegido, y por lo tanto con derechos para exterminar o defenderse de los demás pueblos, en nombre de Dios; pretender que de este credo puede surgir una supuesta religión que predica el amor y la paz, es la primera estupidez.
La segunda es basar sus creencias en un compendio de libros, llamado la Biblia. A simple vista se observa gran diversidad de estilos e incluso grandes diferencias entre las temáticas de los dos testamentos, el antiguo (judío), y el nuevo (también judío pero con un personaje novedoso), contradicciones que los cristianos se esfuerzan en ignorar o minimizar, dándole más importancia y trascendencia a algunas partes de sus textos sagrados, a expensas de otras.
Este compendio desordenado, organizado para darle alguna apariencia de sentido, comienza como un cuento de párvulos, haciendo de teléfono roto de varias fábulas y mitos de origen babilónico y egipcio, gente bastante inteligente que seguramente tenía estas historias solo por cuentos; pasa por los relatos sanguinarios de las proezas militares israelíes, sus leyes y ritos de sacrificio y vicisitudes cuando los educados pueblos que eran sus vecinos despreciaban sus creencias, ya entonces demasiado estúpidas; y termina con el pequeño relato seudohistórico de los logros y aventuras de un carpintero que al parecer embaucaba multitudes con trucos de fakir y su megalomanía, hasta que un visionario romano lo pone en su sitio al lado de un par de ladrones; para que luego y desgraciadamente, el vulgo se vea impresionado por un temblor de tierra que ocurre el mismo día de su muerte (tal como pasó también con Tirofijo), y algunos de sus seguidores más astutos, viendo la oportunidad de negocio que hay, funden la iglesia; todo esto convenientemente matizado con poemas, fábulas y parábolas plagiadas de diversas fuentes. Estúpido, aún sin llegar a diseccionarlo a fondo.
La profunda moraleja que los cristianos sacan luego de la lectura de su libro (un enorme mamotreto), es que deben tener mucho miedo a arder para siempre en los infiernos; o a que en cualquier momento el Gran Seitan suba con sus sexy legionarias vampiras a la tierra, dispuesto a iniciar el reinado del anticristo en la tierra, en una orgía de sangre, sexo, hentai y heavy metal. Para evitar ser rostizados por la eternidad, han entonces de estar constantemente arrepintiéndose de su condición humana, haciendo buenas acciones, y repitiendo frases sin sentido cual esquizofrénicos; comportándose como unos peleles, en suma. Luego de morir, siendo peleles, obtendrán su recompensa: y no son cien valkirias ni barriles de cerveza e hidramiel servida en copas sin fondo el premio a tanto sacrificio, no (WTF), sino simplemente permanecer como bobalicones en una nubecita al lado de Dios. ¿Haciendo qué?, quizás limpiándole las lagañas al creador. Pese al poco incentivo que tienen los creyentes para seguir los mandamientos de su religión, cualquier leve falta puede ameritar una temporada en el averno; sin embargo hecha la ley, hecha la trampa, basta las palabras de un cura, construir un abadía, o pagar unas cuantas misas para conseguir puntos de santidad, y así ser bendecido y obtener el ticket celestial.
También es necesario ser un lelo en matemáticas o física y hay que repetir que la suma de tres es igual a uno, y aunque se precian de pertenecer a una comunidad monoteísta, en realidad no veneran a un solo dios, sino que tienen todo un panteón que aumenta año a año, haciendo palidecer de envidia los altares hindues. Toda una jerarquia: arcángeles, ángeles, santos, beatos, vírgenes… incluso llegan a adorar cada orgáno de su dios por separado: el corazón de jesús, o sus diferentes edades: el divino niño. Ah, si, lo que sucede es que los infieles no podemos apreciar la profundidad de su pensamiento, que es capaz de tergiversar el tiempo y el espacio…
El truco para crear una deidad es sumamente sencillo; basta con encargar a un mediocre escultor un yeso, instalarlo en tu templo y en una fecha propicia decorarlo con lágrimas o darle un retoque festivo y afirmar que ha sido el mismo Superjesús el que ha venido a echar una manito de pintura. Con esto ya tienes garantizado abundantes ingresos para tu parroquia por décadas y hasta centenares de años, dependiendo de la credulidad de tu feligresía.




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